viernes, 14 de junio de 2013
miércoles, 12 de junio de 2013
Tenìa una cifra.
Tenìa una cifra
tu blanco pañuelo,
roja cifra de un nombre que no era
el tuyo, mi dueño.
La fina batista
crujìa entre tus dedos.
-¡Què bien luce en la albura lasangre!...-
te dijo riendo.
Te pusiste pàlida,
me tuviste miedo...
¿Què miraste? ¿Conoces acaso
la risa de Otelo?
Rubén Darío
Rubén Darío
| Félix Rubén García Sarmiento, conocido como Rubén Darío (Metapa, hoy Ciudad Darío, Matagalpa, 18 de enero de 1867 - León, 6 de febrero de 1916), fue un poeta nicaragüense, máximo representante del modernismo literario en lengua española. Es posiblemente el poeta que ha tenido una mayor y más duradera influencia en la poesía del siglo XX en el ámbito hispánico. Es llamado príncipe de las letras castellanas. | |
Yo quisiera cincelarte
Yo quisiera cincelarte
una rima
delicada y primorosa
como una áurea margarita,
o cubierta de irisada
pedrería,
o como un joyel de Oriente,
o una copa florienta.
Yo quisiera poder darte
una rima
como el collar de Zobeida,
el de perlas ormuziñás,
que huelen como las rosas
y que brillan
como el rocío en los petalos
de la flor recién nacida.
Yo quisiera poder darte
una rima
que llevara la amargura
de las hondas penas mías
entre el oro del engarse
de las frases cristalinas.
Yo quisiera poder darte
una rima
que no produjera en ti
la indiferencia o la risa,
sino que contemplaras
en su pálida alegría,
y que, después de leerla...
te quedaras pensativa.
Rubén Darío
viernes, 24 de mayo de 2013
En tus ojos un misterio
En tus ojos un misterio;
en tus labios, un enigma,
y yo, fijo en tus miradas
y extasiado en tus sonrisas.
Rubén Darío
Una Noche
Una noche
tuve un sueño,
Luna opaca,
cielo negro,
yo en un triste
cementerio
con la sombra
y el silencio.
En sudarios
medio envueltos,
descarnados
esqueletos,
muy afables
y contentos
mi visita
recibieron.
Indagaron
los sucesos
que pasaban
ese tiempo:
las maniobras
del ejército,
los discursos
del Congreso,
de la Bolsa
los manejos,
y reían
de todo eso.
Con sorpresa
supe de ellos
que gustaban
de los versos
que en mis dudas
y en mis celos
a mi amada
siempre ofrezco.
¡Que sabían,
me dijeron,
ya la historia
de los besos!...
Y se hacían
muchos gestos
y ademanes
picarescos.
Y reían
con extremos
entre el ruido
de sus huesos.
En seguida
refirieron
que se siente
mucho hielo
en las noches
del invierno,
en las fosas
de los muertos.
Despedime.
¡Muy correctos
los saludos
que me hicieron!
Salí al campo.
Miré luego:
luna opaca,
cielo negro.
Muy ufano,
dice el médico
que la causa
de estos sueños
se halla toda
por mis nervios,
y en el fondo
del cerebro.
Rubén Darío.
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